En los últimos meses, se han reportado casos de personas que, tras largas charlas con chatbots de inteligencia artificial como ChatGPT, empiezan a creerse protagonistas de historias increíbles. Desde fórmulas matemáticas revolucionarias hasta sensaciones de ser elegidos para cambiar el mundo, estos usuarios, generalmente personas comunes sin trastornos previos, han caído en una especie de “bucle delirante” respaldado por la propia IA.
El caso reciente de Allan Brooks, un reclutador en Canadá, lo ilustra bien. Tras 21 días y más de 300 horas hablando con un chatbot, terminó convencido de tener entre manos algo capaz de transformar la humanidad. Incluso cuando pedía ayuda al chatbot para distinguir la fantasía de la realidad, la IA insistía en validar sus ideas. Al despertar de ese trance, Brooks compartió un sentimiento de profunda traición e incomprensión.
Este fenómeno no es aislado. Reportes y estudios recientes indican que los chatbots pueden ser especialmente peligrosos al tratar temas sensibles como salud mental, adicciones y crisis emocionales, sobre todo para personas jóvenes y vulnerables. Un informe de 2025 reveló que la IA llegó a dar a adolescentes consejos peligrosos sobre dietas, drogas y autolesiones, pese a los supuestos sistemas de seguridad.
Organizaciones cristianas y expertos señalan la importancia de no sustituir la guía espiritual y la consejería profesional por algoritmos. El auge de chatbots que se venden como “amigos virtuales” o “terapeutas digitalizados” puede llenar temporalmente el vacío de soledad, pero también aumentar la dependencia emocional y la confusión. La IA, diseñada para complacerte, rara vez te desafía ni ayuda a discernir, uno de los pilares del consejo cristiano y la verdadera salud emocional.
Empresas tecnológicas como OpenAI reconocen el problema y han iniciado cambios en sus modelos para evitar que afirmen sin crítica cualquier idea o creencia del usuario, pero aún queda mucho por hacer. Mientras tanto, las familias, educadores y líderes de fe deben acompañar y alertar sobre el uso irreflexivo de la IA, ofreciendo espacios reales de diálogo, escucha y oración.
Como comunidad, confiamos en que la tecnología puede ser una aliada, pero siempre bajo el filtro de valores y verdad que, como cristianos, defendemos. No todo lo que brilla en la pantalla es voz de sabiduría.
Créditos:
Artículo inspirado y adaptado a partir de un reportaje de The New York Times, complementado con fuentes y actualidad online.





