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¿Y si el cine fuera profecía y no entretenimiento?

¿Y si el cine fuera profecía y no entretenimiento?

Por cultura e historia, reconocemos que el cine entretiene, incluso para muchos es un lugar de abstracción, donde nos dejamos llevar a través de su propio universo. En su creación debemos comprender el contexto industrial y su propósito como un “juego mecánico” en un parque de diversiones, sin embargo, ese detalle es lo que nos hace perder de vista el enfoque. Un artefacto nacido en un contexto industrial o profano para algunos, puede ser usado trascendentalmente, ya que en sus estructuras se encuentra un poder místico. Es así que Ricciotto Canudo critico el énfasis de los comerciantes al llamar al invento como “Séptimo Arte” en el afán de defender un espectáculo vacío. Por eso te pregunto: ¿Y si ele cine no fuera una herramienta industrial, sino una síntesis profética de todas las artes, capaz de revelar la gloria de Dios en medio de la caída?

Vivimos rodeados de imágenes, pero también por esa sobreexplotación nos volvemos menos capaces de ver. El cine, que debería ser un “nacimiento fabuloso producto de la Maquina y el Sentimiento”, se ha convertido en un producto de consumo. Nos identificamos con su potencial, pero mucha de la crítica se concentra en su banalización. El dolor está en la desconexión: entre lo que el cine promete y lo que realmente entrega. Si no recuperamos su vocación estética y espiritual, seguiremos alimentando una cultura que entretiene mientras se desangra.

Ricciotto Canudo, pionero del pensamiento cinematográfico, propuso en su Manifiesto de las Siete Artes que el cine no es una suma de disciplinas, sino su culminación. Una “fusión total de las artes” que une lo espacial (arquitectura, escultura, pintura) y lo temporal (música, danza, poesía) en una forma nueva: cuadros en movimiento. Influenciado por Schopenhauer y Hegel, Canudo veía en el cine la expresión de la voluntad estética y del espíritu absoluto. Pero esta visión no es sólo filosófica: encuentra eco profundo en la teología bíblica.

Las artes no son invenciones humanas autónomas, sino dones de gracia común que reflejan la imagen de Dios en medio de la caída. Génesis 4 muestra cómo los descendientes de Caín – símbolo de la rebelión – desarrollan música, escultura y arquitectura como respuesta al dolor del exilio. Dios permite que incluso en la línea del pecado florezca la cultura, no para redimir por sí sola, sino para preservar la humanidad y señalar su necesidad de redención.

Canudo denuncio que los comerciantes del cine usaron el término “Séptimo Arte” Para dignificar su industria sin asumir su responsabilidad estética. En su manifiesto, habla del cine como una “ronda de luces y sonidos” que debe elevarse hacia lo eterno, pero no para girar en torno a Apolo o Dionisio, como bien se hacia con la danza y el teatro en tiempos helenísticos o el sistema industrial que es lo más abundante, sino alrededor del Cordero entronizado. Desde este enfoque es que quiero guiarte al tabernáculo en el Éxodo, diseñado por Bezaleel y Aholiab, donde se integra arquitectura, escultura, bordado y música como mandato divino, no como expresión humana autónoma. El comentarista bíblico Douglas Stuart explica que estos artistas fueron llenos del Espíritu para ejecutar exactamente lo que Dios quería, reflejando su gloria por medio de ecos visibles.

El Rey David, al danzar ante el arca, encarna esta síntesis rítmica: música, poesía y movimiento como adoración profética. David Toshio Tsumura señala que su danza transforma Jerusalén en centro espiritual, cumpliendo el pacto. Esta dinámica no guía a contemplar como los redimidos cantan y se mueven en torno al Cordero, en Apocalipsis, revelando que la estética no es decorativa, sino escatológica.

Hasta aquí se vamos siguiendo la línea de los argumentos es que entendemos el arte como profecía y obviamente el relato bíblico se va a enfocar en presentarnos evidencia redentora por medio de sus acciones, ya que los profetas también usaron performance: Ezequiel con maquetas, Jeremías con vasijas rotas, Oseas con un matrimonio simbólico. Daniel Block detalla cómo estas acciones dramáticas revelan el juicio divino, usando formas y ritmos para confrontar el pecado. Por esa razón es que el arte es una señal profética, no para postrarse ante ella como señal de reemplazo a Dios, sino una hoja de ruta alineada con su soberanía y propósito redentor.

Todos estos ecos o profecías estéticas, visuales, auditivas, performáticas, apuntan a Cristo mismo la síntesis encarnada: tabernáculo viviente, rey danzante, profeta performativo: F. F. Bruce explica que en Colosenses 1, Cristo es imagen del Dios invisible, agente de creación y reconciliación, preeminente en todo. Leon Morris, en su comentario de Juan, detalla que el Verbo se hizo carne, luz verdadera que ilumina al mundo caído. El cine, como arte de luz proyectada, puede reflejar esta luz – pero sólo si recupera su funciona profética.

Canudo escribió que “todos los ritmos están en el tiempo antes de toda Música” y “todas las formas en el Espacio antes de toda Pintura”. Esta intuición resuena con Génesis 1: “Y fue la tarde y la mañana”, ritmo divino que estructura la creación. El Espíritu se mueve sobre las aguas, infundiendo orden rítmico. El cine, al capturar ritmos de luz y sonido, puede fijar lo efímero contra la muerte, como decía Canudo, y proyectar lo eterno en lo efímero.

No basta con ver películas. Hay que discernirlas. Y aun en contexto industrial, esta síntesis o capsula de las artes, requiere un necesario redireccionamiento a su propósito, porque el arte no es neutral revela la cosmovisión del autor y si este no entiende su labor profética y todo lo que implica, podría estar mostrando el plan de un dios hecho a su imagen que justamente es eso lo que perpetua en la idolatría cultura. En esta era digital, donde las imágenes nos rodena como ídolos, necesitamos recuperar el cine como medio de la gracia soberana, no como espectáculo vacío. Canudo soñó con una “ronda de luces y sonidos” que eleve el alma. La biblia nos llama a usar este arte total para girar en torno a la gloria de Dios.

 El cine puede ser profético, pero sólo si se somete al Cordero. ¿estamos dispuestos a dejar de consumir imágenes y empezar a contemplarlas? ¿A dejar de solo entretenernos y empezar a alimentarnos de redención?

Bibliografía de consulta:

  • Canudo, R. (1923). Manifeste des Sept Arts. La Gazette des sept arts, nº2, 25 janvier, p. 2.
  • Stuart, D. (2006). Exodus (Vol. 2). Broadman & Holman. (New American Commentary Series)
  • Tsumura, D. T. (2007). The First Book of Samuel (New International Commentary on the Old Testament). Eerdmans.
  • Morris, L. (1995). The Gospel according to John (Rev. ed.). Eerdmans. (New International Commentary on the New Testament)
  • Hamilton, V. P. (1990–1995). The Book of Genesis (Vols. 1–2). Eerdmans. (New International Commentary on the Old Testament)
  • Block, D. I. (1997). The Book of Ezekiel: Chapters 1–24 (Vol. 1). Eerdmans.
  • Bruce, F. F. (1984). The Epistles to the Colossians, to Philemon, and to the Ephesians. Eerdmans. (New International Commentary on the New Testament)
  • Beale, G. K. (1999). The Book of Revelation (New International Greek Testament Commentary). Eerdmans.

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