Cada septiembre, iglesias, sociedades bíblicas y redes sociales vuelven a repetir la misma frase: septiembre es el Mes de la Biblia. Suena a calendario oficial. No lo es. No hay un papa, un rey ni una asamblea de Naciones Unidas que haya declarado el mes entero. Lo que hay es más interesante: dos hitos de traducción separados por más de mil años, una coincidencia de fechas y una tradición pastoral que América Latina consolidó hasta volverla sentido común.
Nadie lo inventó. Se acumuló
La pregunta correcta no es «quién firmó el Mes de la Biblia». Es «por qué tantas iglesias hispanas coincidieron en el mismo mes». La respuesta corta es esta: en septiembre caen la fiesta de Jerónimo de Estridón, traductor de la Vulgata, y el aniversario de la primera Biblia completa en castellano vertida desde las lenguas originales. El resto fue trabajo de iglesias y sociedades bíblicas, no de un decreto único.
La Sociedad Bíblica Argentina lo resume con precisión: el mes recuerda «dos hitos importantes vinculados con la traducción bíblica». Las iglesias evangélicas miran a Casiodoro de Reina. La Iglesia católica mira a Jerónimo. El mes cabe a las dos porque ambas historias terminan en septiembre.
El 30 de septiembre y el hombre de la Vulgata
Sofronio Eusebio Jerónimo nació hacia el año 347 en Estridón, en la Dalmacia romana, territorio de la actual Croacia. Estudió en Roma, se bautizó, pasó por Antioquía y por el desierto de Calcis, aprendió hebreo y, en 382, el papa Dámaso I lo tomó como secretario y le pidió una nueva traducción latina de las Escrituras.
El resultado fue la Vulgata: Evangelios traducidos del griego y Antiguo Testamento del hebreo. Durante siglos fue el texto bíblico oficial de la Iglesia latina. Vatican News recuerda que, en su versión revisada, sigue siéndolo. Jerónimo murió en Belén, cerca de la Gruta de la Natividad, el 30 de septiembre, probablemente del año 420. Esa fecha quedó fijada como su fiesta.
Pío V lo proclamó Doctor de la Iglesia en 1567. Benedicto XVI, en una audiencia de 2007, redujo su legado a una frase difícil de mejorar:
«Amar la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura… es importante que cada cristiano viva en contacto y diálogo personal con la Palabra de Dios».
Benedicto XVI, audiencia general del 7 de noviembre de 2007
En la pastoral católica, septiembre se volvió Mes de la Biblia porque el mes termina en Jerónimo. No porque un concilio lo hubiera votado. ACI Prensa lo trata como un dato ya asentado: en la Iglesia católica, septiembre «es considerado como el mes de la Biblia». La fiesta del 30 arrastró al mes entero.
El otro septiembre: la Biblia del Oso
El 28 de septiembre de 1569, en Basilea, Suiza, salió impresa La Biblia, que es, los sacros libros del Viejo y Nuevo Testamento. Trasladada en español. Su traductor fue Casiodoro de Reina, un jerónimo sevillano pasado al protestantismo que le dedicó unos doce años al texto. La portada no llevaba un símbolo cristiano. Llevaba el emblema del impresor bávaro Matthias Apiarius: un oso intentando alcanzar un panal. De ahí el nombre popular: Biblia del Oso.
No era la primera Biblia completa en castellano. La Biblia alfonsina, del siglo XIII, ya existía. Pero sí fue la primera traducción completa al español hecha desde el hebreo, el arameo y el griego, y no desde la Vulgata. Reina usó el texto masorético, la versión latina de Santes Pagnino y la Biblia de Ferrara para el Antiguo Testamento, y el Textus Receptus para el Nuevo. De la Vulgata, dijo, se sirvió poco.
El lema de la portada era Isaías 40:8: «La palabra del Dios nuestro permanece para siempre». La Sociedad Bíblica Argentina y la Sociedad Bíblica Trinitaria coinciden en que aquella primera tirada rondó los 2.600 ejemplares. Pocos llegaron a España. La Inquisición ya había quemado a Reina en efigie en el auto de fe de Sevilla del 26 de abril de 1562. En 1571, el Consejo de la Inquisición ordenó recoger «la Biblia en romance» salida de Basilea.
En 1602, Cipriano de Valera revisó el trabajo. Esa edición se conoce como Biblia del Cántaro, otra vez por la portada. De ahí nace la línea Reina-Valera, la traducción más leída por las iglesias evangélicas de habla hispana.
26 o 28: la fecha que se repite mal
Aquí hay un dato que conviene no maquillar. Muchas iglesias evangélicas y algunas sociedades bíblicas celebran el 26 de septiembre como el día en que «se terminó de imprimir» la Biblia del Oso. La Sociedad Bíblica Chilena lo afirma con esa fecha. La Sociedad Bíblica Argentina también ha usado el 26.
La fecha documental de publicación, sin embargo, es el 28 de septiembre de 1569. Así la registran la Sociedad Bíblica de España, la Sociedad Bíblica Trinitaria y la ficha histórica estándar de la obra. Lo más honesto es decirlo así: el 28 es la fecha de publicación; el 26 es una fecha pastoral que se ha repetido hasta volverse costumbre. El mes no depende de un día. Depende de que el hito cae a finales de septiembre.
Quién lo volvió un mes
Si Jerónimo explica el 30 y Reina explica el final del mes, todavía falta el eslabón institucional. ¿Quién decidió que no bastaba un día?
No hay un inventor único. Lo que sí hay son acuerdos locales y una red. Las Sociedades Bíblicas —herederas del movimiento que nació el 7 de marzo de 1804 con la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera— convirtieron esas fechas en campaña. En América Latina, septiembre se volvió el mes en que se predica, se regala, se exhibe y se relee la Escritura. La Sociedad Bíblica de España lo reconoce con claridad: se suma a una celebración «que tradicionalmente celebran los cristianos de habla hispana en América Latina».
El caso más nítido de decisión formal no es un mes, sino un domingo. En 2004, la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa y las iglesias evangélicas presentes en Argentina acordaron el cuarto domingo de septiembre como Día Nacional de la Biblia. En 2026, ese domingo cae el 27 de septiembre. Honduras había hecho un movimiento similar en 1988. No es un decreto vaticano ni una ley planetaria. Es un pacto eclesial local que le dio nombre civil a una costumbre ya viva.
El mapa real: no todo el mundo celebra en septiembre
Si el Mes de la Biblia fuera una institución universal, el calendario sería uno. No lo es.
- En España, la Sociedad Bíblica celebra el Día de la Biblia el segundo domingo de marzo, por la fundación de 1804.
- En México, la Sociedad Bíblica de México instituyó agosto como Mes de la Biblia y su último domingo como Día de la Biblia.
- En El Salvador, un decreto de 2002 fija el Día de la Biblia el segundo domingo de diciembre.
- En Colombia y Venezuela, varias iglesias lo recuerdan en octubre.
- En el mundo anglicano, el «Bible Sunday» nació en el segundo domingo de Adviento, con la colecta de Thomas Cranmer en el Book of Common Prayer de 1549. Desde los años noventa, muchas iglesias británicas lo movieron al último domingo de octubre.
Septiembre, entonces, no es «el» mes de la Biblia en el cristianismo mundial. Es el mes de la Biblia en el cristianismo de habla hispana, especialmente en América Latina, porque ahí coinciden Jerónimo y Reina.
Lo que el mes no es
Conviene despejar tres confusiones que circulan cada septiembre.
La primera: el papa Francisco no creó el Mes de la Biblia. El 30 de septiembre de 2019 —fiesta de Jerónimo— firmó el motu proprio Aperuit illis e instituyó el Domingo de la Palabra de Dios. Esa jornada se celebra el tercer domingo del Tiempo Ordinario, en enero. La fecha de la firma honra a Jerónimo; el día litúrgico no es septiembre.
La segunda: Naciones Unidas tampoco declaró un Mes de la Biblia. El 24 de mayo de 2017, la Asamblea General aprobó la resolución 71/288 y fijó el 30 de septiembre como Día Internacional de la Traducción, precisamente por Jerónimo, patrón de los traductores. Es un homenaje a la profesión, no una fiesta eclesial.
La tercera: el mes no «pertenece» a una denominación. Católicos llegan por Jerónimo. Evangélicos llegan por Reina. Las sociedades bíblicas, que trabajan con ambas orillas, encontraron en septiembre el único mes donde esas dos genealogías no se pisan.
Por qué sigue importando en 2026
Jerónimo tradujo para que la Iglesia latina tuviera la Escritura en la lengua del pueblo. Reina tradujo para que el castellano dejara de depender del latín. Uno lo hizo por encargo papal. El otro, perseguido por la Inquisición. El Mes de la Biblia existe porque esas dos obsesiones —poner el texto al alcance de la gente— cayeron en el mismo tramo del calendario.
Hoy esa pelea ya no se juega en Basilea ni en Belén. Se juega en el hábito. Plataformas como YouVersion, currículos como el Bible Engagement Project y herramientas de estudio como Harvous recuerdan el mismo problema de 1569 con otra tecnología: no basta con tener la Biblia cerca. Hay que leerla.
En 2026, el aniversario de la Biblia del Oso cae el lunes 28. La fiesta de Jerónimo, el miércoles 30. El Día Nacional de la Biblia en Argentina, el domingo 27. Tres fechas, un mismo mes, ninguna invención reciente. Septiembre no se volvió Mes de la Biblia porque alguien lo decretara. Se volvió Mes de la Biblia porque la historia de la traducción dejó ahí dos marcas, y las iglesias hispanas decidieron no dejarlas pasar.