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Queremos tocar la música otra vez: vinilos, iPods y la nostalgia de tener algo propio

Del vinilo de ECCOS al iPod que New Matter quiere reinventar, el regreso de los formatos físicos dice menos del pasado que de lo que hoy extrañamos: elegir, guardar y prestar atención a la música.

Queremos tocar la musica otra vez vinilos iPods y la nostalgia de tener algo propio

Hace unos días una empresa llamada New Matter presentó Sudo, un reproductor de música con una rueda física que recuerda, sin disimulo, al iPod. Todavía no se puede comprar: solo hay reservas y los envíos se esperan para finales de 2027. Aun así, la noticia corrió rápido, y no por la ficha técnica. Corrió porque tocó una fibra: cuántos de nosotros extrañamos tener la música en algo que fuera nuestro.

Yo soy de esos. Sigo comprando música en iTunes y también películas. Me gusta esa sensación de los años 2000: elegir un álbum, pagarlo y verlo aparecer en mi biblioteca. Pero antes de hablar de mí, vale la pena mirar lo que está pasando alrededor, porque el vinilo, el iPod y mi costumbre de comprar canciones parecen cosas distintas y cuentan, en el fondo, la misma historia.

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SUDO MUSIC

El vinilo nunca fue solo un formato

El vinilo no es una novedad ni una moda que nació ayer. Siempre ha sido una pieza creativa: una portada de doce pulgadas, un orden de canciones pensado en dos lados, créditos que se pueden leer sin entrecerrar los ojos. Hay bandas que lo han tratado como parte de la obra y no como un accesorio. Coldplay es un buen ejemplo. Con Moon Music (2024) anunció ediciones en vinilo hechas con botellas PET recicladas, nueve por copia, y una edición especial con plástico recuperado de un río de Guatemala en colaboración con The Ocean Cleanup, según el anuncio de la banda. El disco, además de sonar, tenía algo que decir.

Los números muestran que no es un capricho de coleccionistas. Según el informe anual de la RIAA, los ingresos del vinilo en Estados Unidos superaron los 1.000 millones de dólares en 2025, con cerca de 47 millones de copias vendidas. Los CD, en cambio, cayeron a unos 312 millones. El streaming sigue siendo el rey, con el 82 % de los ingresos, pero el objeto físico no desapareció: encontró otro lugar.

La música cristiana también quiere un disco para sostener

En la música cristiana el vinilo tiene un sentido propio. Una canción de adoración rara vez termina en quien la escribió: se canta en comunidad, acompaña etapas difíciles y queda ligada a una iglesia, a una gira o a una sala. Tiene lógica que alguien quiera conservarla en algo tangible.

ECCOS lo hizo con ECCLESIA. En su tienda oficial el álbum se ofrece en vinilo de 12 pulgadas por 25 dólares: «ECCLESIA» y «Puedo ver el sol» en el lado A; «Vale la pena» y «El amado de mi alma» en el lado B. Es un disco grabado en vivo y en comunidad, como contaron Steven y Lluvia Richards, y su título viene de ekklesía, la palabra griega para «la asamblea». Pocos formatos encajan tan bien con esa idea como uno que se pone en la sala y se escucha entre varios.

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Vinilo del álbum ECCLESIA de la banda ECCOS

No es el único caso. Elevation Worship publicó So Be It el 20 de febrero de 2026 y lo vende también en vinilo. Y Un Corazón, la banda que ganó el Latin Grammy con Kintsugi, mostró en Instagram su edición en vinilo.

El iPod: el aparato que hacía una sola cosa

Lo del iPod es otra versión del mismo deseo. Apple dejó de fabricarlo en 2022, pero hoy hay jóvenes que lo buscan de segunda mano, y la prensa lo cuenta con un motivo recurrente: cansancio del streaming, ganas de tener una biblioteca propia y un aparato que no avisa de nada. Un iPod no tiene notificaciones, ni redes, ni algoritmo. Tiene lo que uno decidió ponerle.

Lo más curioso es que la nostalgia no se queda en rescatar. También reinventa. Player Mods vende iPods modificados —Classic de sexta y séptima generación, iPod Video y ediciones con Bluetooth— con opciones de hasta 2 TB de almacenamiento y garantía de un año, desde 259 dólares.

Ahí entra Sudo. Según lo que se sabe hasta ahora, tiene una pantalla táctil de 2,73 pulgadas, la rueda física, 64 GB de almacenamiento ampliables con microSD, entrada de audífonos de 3,5 mm y Bluetooth. Su precio estimado ronda los 249 dólares. Es importante aclarar que no es de Apple ni usa la rueda original del iPod. Es la idea de un reproductor dedicado, no el aparato en sí. Y todavía está por verse si cumple lo que promete cuando llegue.

Mi pequeña biblioteca de iTunes

Aquí viene la parte personal. Cuando compro un álbum en iTunes y aparece en mi biblioteca siento algo que no me da una lista infinita: la sensación de que lo elegí. Con las películas me pasa igual. No necesito que todo esté disponible en cualquier momento; necesito que lo que me importa esté ahí cuando lo busque.

Sé que hay una letra pequeña. Comprar en una tienda digital no es lo mismo que tener un disco en un estante: los términos de cada servicio importan, y esa «propiedad» tiene límites. Pero la diferencia emocional es real. Una suscripción te da acceso a un catálogo que puede cambiar. Una compra, aunque sea digital, es una decisión.

No tengo nada contra el streaming. Ha abierto la puerta a artistas y oyentes que antes no tenían cómo encontrarse. Lo que me pregunto es qué se pierde cuando todo es acceso y nada es colección. Algo parecido pasó con el regreso de Vine: a veces extrañamos una internet que se sentía menos ruidosa.

No es volver atrás: es elegir

Sería fácil llamar a todo esto una moda retro, y en parte lo es: la nostalgia también se vende. Pero reducirlo a eso es perderse lo que pasa por debajo. Nadie está renunciando al presente. Quienes restauran un iPod, compran un vinilo o siguen armando su biblioteca digital no rechazan la tecnología actual; escogen qué partes conservar y cuáles dejar. En una época de abundancia, elegir poco y prestarle atención se volvió casi un acto de cuidado.

Si nos preocupa cómo las pantallas se llevan nuestra atención, un tema que ya hemos tocado en Heaventurn, quizá no sea casualidad que lo que más extrañamos sea justo un aparato que no pide nada. Un vinilo que pide darle la vuelta, un iPod que solo suena, un álbum comprado que está donde lo dejamos. Ninguno hace mejor la música. Solo nos ayudan a escucharla distinto.

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