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Peter Thiel, el Anticristo y la IA: qué dice la Biblia (y qué no)

El cofundador de PayPal y Palantir ha llevado sus conferencias sobre el Anticristo de San Francisco a Roma y las ha conectado con la regulación de la IA y con el papa León XIV. Repasamos qué plantea y qué dice realmente la Biblia.

Peter Thiel anticristo

Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, lleva más de un año convirtiendo al Anticristo en tema de conferencia. Primero fue en San Francisco, después en Roma, y en los últimos meses lo ha mezclado con la regulación de la inteligencia artificial y con un choque abierto con el papa León XIV. La pregunta de fondo es incómoda para cualquier cristiano: ¿qué tiene que ver todo esto con lo que la Biblia dice del anticristo?

Qué ha dicho Thiel y dónde

La primera serie fue de cuatro charlas en el Commonwealth Club de San Francisco, entre el 15 de septiembre y el 6 de octubre de 2025, organizadas por el colectivo Acts 17 y con las entradas agotadas. Eran «off the record», pero el audio terminó filtrándose: The Washington Post revisó las grabaciones y reportó que Thiel describió a críticos de la tecnología, entre ellos la activista Greta Thunberg, como «legionarios del Anticristo».

En marzo de 2026 repitió el formato en Roma, otra vez con cuatro conferencias y solo por invitación. Se anunciaron como parte de una colaboración entre la Asociación Cultural Vincenzo Gioberti y el Cluny Institute, pero las universidades católicas que aparecían vinculadas tomaron distancia. Según la cobertura de AP, la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino (Angelicum) negó que fuera a albergar el ciclo.

«Paz y seguridad»: el versículo en el centro

El argumento descansa en 1 Tesalonicenses 5:3, donde Pablo advierte que cuando la gente diga «paz y seguridad», la destrucción llegará de repente. Thiel lee esa frase como el eslogan del Anticristo: no un villano con cuernos, sino una autoridad tranquilizadora que promete protegernos de los riesgos existenciales (una IA descontrolada, una pandemia, el clima) a cambio de concentrar poder. Fortune lo resumía así al cubrir las charlas de Roma: un Anticristo que llega como figura reconfortante que ofrece control sobre la innovación.

Para armar la tesis, el inversor recurre a pensadores como René Girard, Carl Schmitt y John Henry Newman. De Schmitt toma la idea del katéjon, la fuerza «que detiene» de 2 Tesalonicenses 2:6-7: algo que frena el avance de la iniquidad hasta que sea quitado de en medio. La lectura de Thiel es que la innovación sin frenos y un equilibrio entre potencias evitarían tanto un gobierno mundial totalitario como un Armagedón.

Lo que la Biblia dice del anticristo (y lo que no)

Aquí conviene frenar un poco. La palabra «anticristo» aparece solo en las cartas de Juan (1 Juan 2:18, 2:22, 4:3 y 2 Juan 7), y allí no describe a un gobernante mundial, sino a quienes niegan que Jesús es el Cristo y que vino en carne. Juan, además, dice que «ya han surgido muchos anticristos». La imagen del gran enemigo político y apocalíptico se construye combinando otros textos: Daniel, 2 Tesalonicenses 2 y Apocalipsis.

Sobre 1 Tesalonicenses 5:3, muchos comentaristas señalan que «paz y seguridad» sonaba a propaganda del Imperio romano, y que Pablo contrasta esa falsa calma con la vigilancia de los creyentes. Eso no convierte automáticamente en «anticristo» a cualquier regulación o medida de seguridad moderna. Esa extensión es una interpretación de Thiel, no un dato del texto.

Esa es también la lectura de sus críticos. David Gibson, que dirige el Center on Religion and Culture de la Universidad de Fordham, ha descrito el planteamiento como una cosmovisión evangélica estadounidense bastante convencional, de corte fundamentalista, y subraya que muchos evangélicos no se reconocerían en ella ni en los nombres que Thiel asocia con el Anticristo. Otros análisis van más lejos y sostienen que, en la práctica, la figura funciona como una forma retórica de señalar a China como principal rival del capitalismo estadounidense.

De la teología al choque con el Vaticano

El tema salió del auditorio cuando León XIV publicó, en mayo de 2026, su primera encíclica, Magnifica Humanitas, que pide regular internacionalmente la inteligencia artificial. En el Aspen Ideas Festival, Thiel afirmó que el papa estaba «trabajando para los comunistas chinos» al criticar la IA, con el argumento de que una norma moral frena a quienes la escuchan (los occidentales) pero no a Pekín, según el reporte de CNN.

El episodio se suma a un debate que ya cubrimos en heaventurn: cómo las iglesias y el Vaticano se están posicionando frente a la IA, desde la consulta de Anthropic al Vaticano sobre la conciencia de Claude hasta la pregunta de fondo sobre el evangelio de Silicon Valley y su promesa de salvación tecnológica.

Por qué importa fuera de Silicon Valley

Thiel no es un líder eclesial ni habla por ninguna denominación, pero su influencia en el ecosistema tecnológico y político de Estados Unidos hace que su lenguaje bíblico llegue lejos. Hay al menos tres puntos que vale la pena separar:

  • El texto: lo que Pablo y Juan escribieron tiene un contexto histórico y literario concreto.
  • La aplicación: usar esos textos para nombrar a adversarios actuales es una lectura personal, y quienes la usan también tienen intereses en juego (Palantir, por ejemplo, vende tecnología de análisis y vigilancia).
  • El debate real: cuánta regulación necesita la IA y quién la decide es una discusión legítima que no depende de que alguien sea o no «anticristo».
Peter Thiel and donald trump

Las charlas seguirán generando noticias porque no existen transcripciones oficiales: lo que se conoce proviene de audios filtrados, asistentes y periodistas. Mientras eso siga así, cada resumen, incluido este, depende de reconstrucciones parciales y conviene leerlo con ese matiz.

Mi lectura: el Thiel que sí vio venir el futuro

Una aclaración personal antes de cerrar: he estado leyendo De cero a uno, su libro de 2014, y mi opinión es esta. Muy aparte de sus convicciones religiosas y políticas, con las que tengo reparos evidentes, Thiel ha tenido siempre una visión muy clara de la economía tecnológica y de hacia dónde va. Y eso conviene reconocerlo con honestidad, incluso cuando uno discrepa de lo demás.

El libro, escrito junto a Blake Masters a partir de un curso que Thiel dictó en Stanford, defiende una idea sencilla: el verdadero progreso no es copiar lo que ya existe (pasar de uno a «n»), sino crear algo nuevo (pasar de cero a uno). De ahí salen sus tesis más citadas: que la competencia feroz suele destruir márgenes y que las empresas que de verdad cambian algo construyen una ventaja casi monopólica; y esa pregunta que repite como filtro, ¿qué verdad importante comparten contigo muy pocas personas?

Lo interesante es que su trayectoria encaja con lo que predica. Cofundó la empresa que acabaría siendo PayPal, que eBay compró en 2002 por 1.500 millones de dólares. En 2004 fue el primer inversor externo de Facebook, con una apuesta de 500.000 dólares cuando aquello era una red universitaria. Después fundó Founders Fund y cofundó Palantir, la compañía de software de análisis de datos que hoy usan agencias de inteligencia y ejércitos. Un imperio levantado, en buena medida, sobre ideas tecnológicas que otros no estaban viendo todavía.

Ahí es donde mi admiración intelectual se vuelve más cautelosa. Palantir no fabrica armas, pero su tecnología participa en decisiones militares y de vigilancia, y el hombre que advierte contra el «Anticristo de la seguridad» ha ganado influencia y dinero vendiendo, en parte, herramientas de seguridad a los estados. Thiel, además, es cofundador de la empresa, donde ha figurado como presidente del consejo; su director ejecutivo es Alex Karp. Eso no invalida su análisis tecnológico, pero sí obliga a leer sus sermones apocalípticos sabiendo desde dónde habla.

Mi conclusión es que se pueden sostener las dos cosas a la vez: reconocer que Thiel tiene una de las lecturas más lúcidas sobre cómo se crea valor en la era digital, y mantener una distancia crítica con su teología y con sus intereses. Para los cristianos, creo que ese es el ejercicio sano: aprender de quien acierta, sin entregarle el criterio.

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